05 abril, 2001

Nosotros los Pejinos

Nosotros, los laredanos, casi siempre hemos tenido a bien denominarnos "pejinos".

No es necesario decir que el vocablo, que se supone derivado de peje, pez, se utiliza desde hace mucho tiempo, principalmente en los puertos del mar de Cantabria, y que nuestro insigne novelista Don José María de Pereda también usó en su obra "Sotileza". Ello no se discute.

Tampoco se cuestiona que "pejino" se aplique al lenguaje, modales o personas -hombres y mujeres- naturales de Laredo. No. Todos sabemos, o debemos saber, que tal adjetivo se asigna tanto a Santander como a sus villas y pueblos costeros.

Pero también resulta obligado reconocer que en el hablar cotidiano, cuando tenemos que hacer alusión a una particularidad del habla, acento o características de un laredano, relacionado o no con el mundo de la mar, de forma espontánea y natural decimos: "Es pejino".

Si me apuran, dire que el laredano se recrea, se deleita incluso, en la utilización de ese término.

¿Qué ocurre entonces? Sencillamente, que otras personas, de otros pueblos, que nos conocen, nos oyen o nos leen, también se familiarizan con nuestro apasionamiento por adjetivarnos, y acaban, a la postre, llamándonos "pejinos". Ello nos complace. Tontamente, sin fundamento, es cierto, pero nos satisface realmente.

¿Quiere decirse que tratamos de apoderarnos de una voz que reclamamos como nuestra? En modo alguno. Es como las numerosas y variadas florecillas silvestres que el caminante va encontrando a lo largo y en los bordes del camino. Y de ellas toma una, la que más le agrada, la contempla, inhala su aroma, y sin desdeñar a las demás, va formando un ramillete con las flores de esa especie. Nadie puede tildar a nuestro paseante de querer acaparar para sí las florecillas que delicadamente ha venido cogiendo a través de la vereda.

Que nadie diga, tampoco, a los laredanos, con major o peor intención, que el término "pejín, pejino, pejina" no les pertenece en exclusiva. Bien que lo saben.

Ellos, es decir, nosotros, los laredanos, seguimos, por ahora, y puede y ojalá que por muchos lustros -y que todos, absolutamente, lo veamos-, recrearnos mansamente, de modo sencillo, auténtico, con el vocablo amado: "Nosotros, los pejinos...".

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Laredo: Sinfonía de Luz y Color

Laredo puede presumir de tanta musicalidad, que hasta su propio nombre de pila está formado por tres notas del pentagrama: LA-RE-DO. No es de extrañar, entonces, que el modo de hablar pejino de sus gentes esté impregnado de ese acento cantarín que tanto le caracteriza.

Basta paladear en las fuentes de la Historia para comprobar que esta Villa gozó de una preponderancia social y económica en nuestra region durante un dilatado período de tiempo. Pero, sin romper con su glorioso pasado, Laredo ha sabido transformarse de pueblo esencialmente pesquero y conservero en una incuestionable realidad turística de primer orden, toda vez que, aunque su población permanente ronda los 15.000 habitantes, durante la temporada estival su elevada colonia veraniega se confiere honores de ciudad grande y cosmopolita.

Aunque suele exagerarse la cifra de veraneantes en los diferentes lugares turísticos, no se ofrece aquí la de Laredo en verano. Llegado éste, a la vista de cuantos arriban a la Villa queda de manifiesto su enorme capacidad de recepción turística. Pero a pesar de ese notable aumento poblacional, su amplia zona del Ensanche permite dar cabida a un sin número de visitantes, nacionales y extranjeros, sin que se produzca sensación de agobio o condensación.

Debemos reconocer, y lo hacemos de buena gana, que la Naturaleza se mostró pródiga al crear una serie de bellezas naturales que, ármonicamente conjuntadas, forman un paraje de ensueño.

Situada a orilla del Mar Cantábrico, está abrazada por una sinuosa hilera de montañas de suave declive, pinceladas de verde dominate (de ahí su denominació turistica, registrada bajo patente a nivel nacional, de "Laredo Costa Esmeralda"), desde las que se saborea, en el mirador natural del Alto de Laredo una impresionante panorámica con el mar cobalto como fondo -colores verde y azul que con el blanco conforman la bandera de Laredo-, el arenal del Salvé rendido a sus pies para configurar un arco de varios kilómetros de fina y dorada arena, la cual abraza el puerto pesquero y éste a la pintoresca Puebla Vieja, declarada conjunto Histórico-Artistico, integrada por vías estrechas y adoquinadas, plazuelas recoletas y casonas blasonadas, de evocador ambiente histórico.

Esta compenetración del entorno natural y de la Villa sobre el que se asienta, con su inmensa playa, conocida por su seguridad como "la playa de los niños", festoneada de airosas villas y modernos edificios de apartamentos -tan sólo en la zona del Ensanche turístico soprebasan los doce mil- con avenidas y calles cruzadas a cuadrícula, zonas verdes, un impresionante Paseo Marítimo, que es uno de los de mayor longitud existentes en España, y un Real Club Náutico dotado de soberbias instalaciones, hacen de Laredo un enclave ideal para saborear intensamente su serena belleza.

Laredo, que vive abierto al turismo, ofrece al visitante de hoy un programa completo de actos y celebraciones que proporcionan un fuerte atractivo a su estancia veraniega en esta noble y acogedora Villa. Junto a festejos de hondo sabor típico, como son las Regatas con sus espectáculos marítimos tan pintorescos -cucañas y patos al agua-, se ofrecen concursos de bolos, bailes populares y verbenas, romerías en los diversos barrios, animadas por las numerosas Peñas, exposiciones de pintura, cine al aire libre, títeres y guiñol, entremezclados con los de carácter deportivo, como vela, fútbol, ciclismo, etc., sin olvidar la recreación del desembarco en 1.556 del Emperador Carlos V en Laredo, donde participa el vecindario ataviado con ropajes de la época.

Destacan los Cursos de Verano de Laredo, de la Universidad de Cantabria, que han convertido a Laredo en "Villa Universitaria de Verano", conferencias culturales, recitales y actuaciones musicales en los parques públicos, así como conciertos que muestran lo más representativo de la Música, la cual escuchada y "vista" en el incomparable marco gótico de la Iglesia de Santa María, resulta inolvidable, para desembocar en la esplendorosa "Gran Batalla de Flores", que tuvo su primer escenario en el mar, en la mar, el año 1.908, en cuya fiesta reina, declarada de Interés Turístico Nacional, que se celebra el ultimo viernes de Agosto, desfilan bellas y airosas carrozas que, haciendo honor a su denominación, son adornadas exclusivamente con flores y rematadas con pétalos de rosas, entre una auténtica manifestación de arte multicolor, buen gusto y alegría desbordante.

Todo ello hace de esta Villa noble, marinera por tradición, turística por vocación, acogedora y gentil siempre, el enclave ideal para disfrutar plenamente su radiante y tranquilizadora belleza, mientras que a lo lejos se escuchan, como un susurro apenas, los sones de la popular y entrañable "cantuca" pejina "...son de Laredo, de Laredo son..."

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01 abril, 2001

La Razón de Mis Nostalgias

Corría el año 1.978 cuando un conocido periodista amigo mío, Julio Poo San Román, vino a visitarme a Laredo y me contó que había aceptado dirigir "La Ilustración de Castro", una publicación local, de carácter semanal, que se editaba en la vecina ciudad de Castro-Urdiales.

Me informó Julio que junto con los propietarios de la publicación, habían decidido extender su difusión a las localidades próximas, como Laredo, Colindres, Santoña y Ramales, que configuran la zona oriental de Cantabria, y me pidió colaborar en aquel semanario.

Pensé que podía basar mis trabajos en los recuerdos de mi adolescencia, plasmando las vivencias y los hechos que me tocó vivir en aquellos años, y decidí bautizar esa sección, que tendría un carácter local, costumbrista e histórico, con el nombre de "Nostalgias Pejinas"

Durante los casi cuatro años que duró mi participación en "La Ilustración", hasta que ya no pude continuar en ella por auténtica falta de tiempo, en aquella sección quedaron plasmadas escenas que viví muy de cerca, contadas con rigor y meticulosidad. También pasaron por sus páginas los testimonios de un buen número de laredanos, todos muy conocidos en Laredo, de avanzada edad, que destacaron cada uno en sus diferentes actividades, modos de ser y de actuar. Estas personas desaparecieron hace años de nuestras vidas, pero sus recuerdos quedaron plasmados, en la letra impresa, en las "Nostalgias Pejinas".

Conservo, dignamente encuadernadas, tres colecciones del semanario "La Ilustración", que abarcan todos mis trabajos, con destino a cada uno de nuestros tres hijos. Han pasado ya más de 28 años desde la primera colaboración, y con el material existente, podría con facilidad editar un libro recogiendo todo ese material. Son muchos amigos y conocidos, desde hace años, quienes me vienen insistiendo en ello. Hasta ahora no me he decidido, por una razón:

Tras mi jubilación en el mundo laboral, el director de la revista local "De Laredu, Lin", Javier González Mellado tuvo la gentileza de brindarme las páginas de su publicación, de aparición mensual, que ya tiene más de tres años de existencia, para colaborar en la misma, con idéntico título de "Nostalgias Pejinas".

Acepté de buena gana el ofrecimiento hecho, y como conservo aún frescos multitud de recuerdos por contar, decidí no volver a reproducir mis colaboraciones en "La Ilustración" mientras pueda, por lo que opté por ir narrando nuevas "Nostalgias".

Nuestro hijo mayor, Rufo-Javier, quien con su esposa Nuria residen en San José, me ha impulsado y ayudado en la creación de una página en la Web, abierta a mi nombre, con el título, precisamente, de "Nostalgias Pejinas", en la que se van incluyendo mis trabajos, una vez publicados en la revista "De Laredu, Lin", así como otros redactados expresamente para la Red. Por cierto, en uno de ellos, titulado "Nosotros, los pejinos", aclaro el término pejino, con que se identifica en Cantabria a los laredanos.

Al hablar de San José, me refiero, efectivamente, a la oficialmente denominada "Capital del Valle del Silicio", situada en el "Area de la Bahía", en California, a 70 kms. de San Francisco, en cuya ciudad de San José residen ambos desde 1.992, sin contar los tres años más de permanencia de nuestro hijo en las universidades americanas en su ampliación de estudios.

También han colaborado en la página nuestros otros dos hijos, Alberto y Carlos, en especial éste último en la vertiente gráfica, dada su pasión por la fotografía y la historia de Laredo.

Que pueda seguir narrando más vivencias, contando con la paciencia de los lectores de la revista o de nuestra página virtual, dirigidas tanto a los laredanos, en especial los más jóvenes (los hechos que narro ocurrieron hace casi medio siglo) como a quienes visiten esta página y no conozcan nuestra Villa, a los que pediría que, si fuera posible, se acercasen a Laredo.

Termino ya. La divisa heráldica de nuestro Escudo de Armas habla de "la noble y leal Villa de Laredo". Esos valores humanos, unidos a la belleza natural, al impresionante paisaje que ofrece Laredo, 'histórica por merecimiento, marinera por tradición, turística por devoción, hospitalaria y cordial siempre' comprobarán que esa visita a Laredo, ¡merece la pena!

Les esperamos. ¡Les espero!

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