El "Viejo" Puerto de Laredo
Han comenzado ya, a ritmo frenético, las obras de construcción del nuevo Puerto Recreativo, Deportivo y Pesquero de Laredo. Si los plazos de ejecución se cumplen, este proyecto será una realidad en un periodo de aquí a dos años. Algo impensable tiempo atrás, pero los avances técnicos hacen posible que una obra, siempre compleja como es un puerto marítimo, pueda construirse en tan breve plazo.
Hemos crecido conviviendo con el actual puerto y su entorno. Todo nos era familiar: sus muelles, rampas, escalas, bodegas, tendederos de redes, Cofradía, la celebración de las fiestas patronales y marítimas con sus tradicionales cucañas y patos al agua, las hasta hace años abundantes costeras de pesca con aquella actividad, breve pero intensa, de transporte de lo capturado, inmediatamente después de su subasta en lonja, por medio de carros o "mesetas" arrastradas por caballos, hasta las fábricas de conservas de la Villa. El puerto, "el muelle", no tenía secretos para nosotros, porque estábamos integrados en él, casi como los sillares que conformaban sus viejos muros.
A partir de ahora, a medida que avancen los trabajos, comenzará a desaparecer la visión de ese puerto, que ya solo quedará grabada en nuestro cerebro, que no en nuestras retinas, las cuales irán viendo la transformación que se lleva a cabo día a día. Habrá cambiado tanto la configuración actual, que supondrá, al menos temporalmente, un choque entre el recuerdo y la realidad, porque, de repente, el "hoy" del actual puerto pesquero de Laredo pasará a convertirse en el definitivo "ayer". Y cuando, por deseo o nostalgia, queramos revivir aquellos escenarios, ya no tendremos más remedio que recurrir a la imagen grabada, es decir, a la fotografía sobre papel o expuesta en la pantalla del ordenador.
Antes de que desaparezcan del todo los vestigios del puerto que conocieron generaciones de laredanos y visitantes, no estaría de más ofrecer unas pinceladas, necesariamente breves, sobre nuestros viejos muelles.
Laredo, desde su misma existencia, siempre tuvo problemas con sus puertos. La situación y orientación de su extensa playa, unida a las mareas, corrientes y vientos dominantes, han hecho que tras cada larga y costosa construcción de un puerto, muro o cai, la invasión constante de arenas terminasen por inutilizar su calado y hacer inviables las obras, tiempo después.
La llamada "antigua dársena" fue de las más duraderas y consistía en dos espigones: el más corto partiría de la fortificación de La Taleta, emplazada ésta, aproximadamente, cerca del actual edificio que albergó el comercio "Gran Bazar", situado en la margen izquierda de la Calle López Seña, esquina a la Calle Doctor Velasco. Este tramo corto continuaba arrimado ya al lado izquierdo del tramo siguiente de la propia Calle Dr. Velasco, invadiendo ligeramente el solar sobre el que se ubica hoy la Casa de Cultura "Dr. Velasco".para terminar en la esquina Norte-Este de esta finca.
El otro espigón, el más largo, de la misma antigua dársena, nacía en La Atalaya, próximo al actual Bar "El Rincón del Puerto", y continuaba, en dirección Sur, hasta finalizar frente al lugar donde acababa el tramo corto, formando el espacio entre ambos, su bocana o "bocal" de entrada y salida. Esta bocana quedaba dentro de la zona ajardinada de la Casa de Cultura, en la parte posterior de la misma, junto a su acceso desde la Calle Eguilior.

Detalle del croquis del Maestro de Obras Pedro Salviejo, de 1.907, con los restos de la bocana de la "antígua dársena", coincidentes bajo el actual jardín trasero de la Casa de Cultura, en la Calle Eguilior. Haz clic en la imagen para ampliar.
Al quedar, también, inservible aquella dársena, los laredanos, emprendieron, casi a la desesperada, la construcción del puerto de la Soledad, al Norte de la Atalaya, para lo cual tuvieron que taladrar ésta mediante un túnel, de 130 metros de longitud. Tanto el túnel como el puerto, costeados por el pueblo de Laredo, fueron terminados el año 1.863 empleándose en este puerto, por razón de economía, buena parte de los bloques y sillares de la antigua dársena. Poco duró este otro muelle. Una serie de temporales, casi enlazados, seguidos de una noche de furioso oleaje que destruyó numerosos barcos, causó tan graves daños en el propio puerto, que éste ya nunca volvió a ser utilizado.
Por último, en 1.873 se aprobó el nuevo puerto, que es el actual, formado por el muro Sur y por otro muro de mayor longitud y dimensiones, el muro Norte, que se inicia en el Canto, arrimado a los pies de la Atalaya, y avanzaba en dirección Oeste. Este nuevo puerto fue terminado el año 1.884.

Detalle del puerto en una vista de Laredo del pintor Paul Ratier. Obsérvese la antigua dársena adyacente al muro sur del actual puerto de 1.884.
Faltaba aún por ampliar este muro Norte con un espigón de 150 metros de longitud, en dirección Norte-Oeste, que se inició en 1.929 durante la Dictadura de Don Miguel Primo de Rivera y que fue ultimado en los primeros años de la II República, bajo la dirección técnica del Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, Don Antonio Garelly de la Cámara, competente Ingeniero que también llevó la dirección de otros puertos desde Cantabria a Galicia, y a quien la Villa de Laredo le dedicó una de sus calles.
Ojalá que el nuevo Puerto Recreativo, Deportivo y Pesquero traiga a Laredo todas las expectativas de progreso, crecimiento, bienestar, creación de empleo y riqueza, que se vaticinan. Que los cálculos de éxito se cumplan. Ello será bueno para esta Villa y sus gentes.
En todo caso, reitero, apresurémonos a captar, antes de que sea demasiado tarde, en negativos fotográficos, en soportes informáticos o en vídeos, las últimas escenas que nos será dado conservar, todavía en vivo y en tiempo real, de nuestro viejo, querido y a partir de ahora recordado y siempre entrañable Puerto de Laredo.
Hemos crecido conviviendo con el actual puerto y su entorno. Todo nos era familiar: sus muelles, rampas, escalas, bodegas, tendederos de redes, Cofradía, la celebración de las fiestas patronales y marítimas con sus tradicionales cucañas y patos al agua, las hasta hace años abundantes costeras de pesca con aquella actividad, breve pero intensa, de transporte de lo capturado, inmediatamente después de su subasta en lonja, por medio de carros o "mesetas" arrastradas por caballos, hasta las fábricas de conservas de la Villa. El puerto, "el muelle", no tenía secretos para nosotros, porque estábamos integrados en él, casi como los sillares que conformaban sus viejos muros.
A partir de ahora, a medida que avancen los trabajos, comenzará a desaparecer la visión de ese puerto, que ya solo quedará grabada en nuestro cerebro, que no en nuestras retinas, las cuales irán viendo la transformación que se lleva a cabo día a día. Habrá cambiado tanto la configuración actual, que supondrá, al menos temporalmente, un choque entre el recuerdo y la realidad, porque, de repente, el "hoy" del actual puerto pesquero de Laredo pasará a convertirse en el definitivo "ayer". Y cuando, por deseo o nostalgia, queramos revivir aquellos escenarios, ya no tendremos más remedio que recurrir a la imagen grabada, es decir, a la fotografía sobre papel o expuesta en la pantalla del ordenador.
Antes de que desaparezcan del todo los vestigios del puerto que conocieron generaciones de laredanos y visitantes, no estaría de más ofrecer unas pinceladas, necesariamente breves, sobre nuestros viejos muelles.
Laredo, desde su misma existencia, siempre tuvo problemas con sus puertos. La situación y orientación de su extensa playa, unida a las mareas, corrientes y vientos dominantes, han hecho que tras cada larga y costosa construcción de un puerto, muro o cai, la invasión constante de arenas terminasen por inutilizar su calado y hacer inviables las obras, tiempo después.
La llamada "antigua dársena" fue de las más duraderas y consistía en dos espigones: el más corto partiría de la fortificación de La Taleta, emplazada ésta, aproximadamente, cerca del actual edificio que albergó el comercio "Gran Bazar", situado en la margen izquierda de la Calle López Seña, esquina a la Calle Doctor Velasco. Este tramo corto continuaba arrimado ya al lado izquierdo del tramo siguiente de la propia Calle Dr. Velasco, invadiendo ligeramente el solar sobre el que se ubica hoy la Casa de Cultura "Dr. Velasco".para terminar en la esquina Norte-Este de esta finca.
El otro espigón, el más largo, de la misma antigua dársena, nacía en La Atalaya, próximo al actual Bar "El Rincón del Puerto", y continuaba, en dirección Sur, hasta finalizar frente al lugar donde acababa el tramo corto, formando el espacio entre ambos, su bocana o "bocal" de entrada y salida. Esta bocana quedaba dentro de la zona ajardinada de la Casa de Cultura, en la parte posterior de la misma, junto a su acceso desde la Calle Eguilior.

Detalle del croquis del Maestro de Obras Pedro Salviejo, de 1.907, con los restos de la bocana de la "antígua dársena", coincidentes bajo el actual jardín trasero de la Casa de Cultura, en la Calle Eguilior. Haz clic en la imagen para ampliar.
Al quedar, también, inservible aquella dársena, los laredanos, emprendieron, casi a la desesperada, la construcción del puerto de la Soledad, al Norte de la Atalaya, para lo cual tuvieron que taladrar ésta mediante un túnel, de 130 metros de longitud. Tanto el túnel como el puerto, costeados por el pueblo de Laredo, fueron terminados el año 1.863 empleándose en este puerto, por razón de economía, buena parte de los bloques y sillares de la antigua dársena. Poco duró este otro muelle. Una serie de temporales, casi enlazados, seguidos de una noche de furioso oleaje que destruyó numerosos barcos, causó tan graves daños en el propio puerto, que éste ya nunca volvió a ser utilizado.
Por último, en 1.873 se aprobó el nuevo puerto, que es el actual, formado por el muro Sur y por otro muro de mayor longitud y dimensiones, el muro Norte, que se inicia en el Canto, arrimado a los pies de la Atalaya, y avanzaba en dirección Oeste. Este nuevo puerto fue terminado el año 1.884.

Detalle del puerto en una vista de Laredo del pintor Paul Ratier. Obsérvese la antigua dársena adyacente al muro sur del actual puerto de 1.884.
Faltaba aún por ampliar este muro Norte con un espigón de 150 metros de longitud, en dirección Norte-Oeste, que se inició en 1.929 durante la Dictadura de Don Miguel Primo de Rivera y que fue ultimado en los primeros años de la II República, bajo la dirección técnica del Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, Don Antonio Garelly de la Cámara, competente Ingeniero que también llevó la dirección de otros puertos desde Cantabria a Galicia, y a quien la Villa de Laredo le dedicó una de sus calles.
Ojalá que el nuevo Puerto Recreativo, Deportivo y Pesquero traiga a Laredo todas las expectativas de progreso, crecimiento, bienestar, creación de empleo y riqueza, que se vaticinan. Que los cálculos de éxito se cumplan. Ello será bueno para esta Villa y sus gentes.
En todo caso, reitero, apresurémonos a captar, antes de que sea demasiado tarde, en negativos fotográficos, en soportes informáticos o en vídeos, las últimas escenas que nos será dado conservar, todavía en vivo y en tiempo real, de nuestro viejo, querido y a partir de ahora recordado y siempre entrañable Puerto de Laredo.
Etiquetas: HISTORIA